orlando santana cabrera, españa
Este árbol acabará cayendo sin remedio al fondo del profundo valle: se inclina tanto por ver su imagen en las verdes aguas estancadas, que tendrá un final semejante al de Narciso. Cuando mira allá abajo, sin vértigo, contempla su alargada sombra avanzar y sumergirse en el estanque, entre las sagitarias y los blancos nenúfares. Es un álamo temblón, cuyas hojas, de largos peciolos aplomados, se agitan apenas sopla la brisa. Ha crecido al borde del abismo, y de ahí que mantenga el equilibrio sin marearse, mas rodará con estruendo cuando sus raíces se debiliten y no tengan fuerza para agarrarse. Por lo pronto, envejece sin moverse de su sitio, atento a su entorno como un celoso vigía, aunque nunca se sintió sedentario, no, porque su altura de vuelo de pájaro lo acerca de un vistazo al confín de las montañas, tras las que se oculta un sol blanco amarillento, el mismo sol que al amanecer es rojo bermellón y platea desde el horizonte por donde asoma la gris vastedad del piélago en calma. Y el álamo contempla estas imágenes todas las mañanas y todas las tardes, como si las estuviera viendo por primera vez. Me acerco a él y golpeo con los nudillos su tronco: estaba equivocado en mis valoraciones; sería necesaria la fuerza de cien toros para abatirlo; es macizo y robusto, y sus vigorosas raíces se afianzan en un suelo rocoso y volcánico. Entonces pienso que me sobrevivirá y lo acaricio con la palma de mi mano, con un afecto, no sé, especial, diferente del que siento por las dos o tres personas que aún se obstinan en apreciarme.
Orlando Santana Cabrera
|
Por lobitogabriel - 4 de Noviembre, 2006, 13:44, Categoría: poesia
Enlace Permanente
| Comentar
| Referencias (0)
|